La enfermera G.Q.R. fue absuelta por el juzgado de lo penal número 2 de haber pinchado el 24 de septiembre del 2004 a un bebé recién nacido que tenía hemofilia A. El tribunal descarta que la profesional de pediatría tuviese responsabilidad y le exime de causar lesiones por imprudencia grave al recién nacido, que estuvo en una situación crítica y necesitó varios años de tratamiento.
Ese día, tras el parto por cesárea en el hospital Povisa, un doctor, ante la sospecha de que el menor podría padecer hemofilia, pidió muestras de sangre del cordón umbilical para hacer un diagnóstico pero no avisó al personal de que nadie le hiciese una punción. El plasma congelado no era suficiente y la técnica de laboratorio telefoneó a la enfermera de Pediatría acusada para que sacase una muestra de sangre. La mujer pinchó en la arteria femoral al pequeño pues no vio otra vía apta. Tras la punción, el bebé sufrió lesiones consistentes en aneurisma femoral y necesitó embolización, pruebas radiodiagnósticas y lo ingresaron en la clínica madrileña La Paz. Recibió el alta años después, tras colocarle un catéter y suministrarle factor 8.
El tribunal no ve pruebas de que la lesión fuese causada por la actuación negligente de la acusada sino que la misma fue originada por «la mala coordinación de los servicios médicos del Hospital Povisa», al no reseñar el servicio de hematología las normas mínimas de manipulación del bebé y al dirigirse la técnica del servicio de laboratorio por vía telefónica a la acusada, sin informar previamente a un facultativo especialista en pediatría o hematología de la necesidad de plasma.
El fallo justifica la absolución porque «no puede pretenderse en modo alguno que una enfermera vaya a efectuar un diagnóstico o instaurar un tratamiento, para lo que carece de cualificación profesional y estarían invadiendo con notoriedad competencias ajenas propias del personal médico».
Tampoco ve acreditado que la enfermera incumpliese su deber de estar atenta al estado externo del enfermo, dado que nadie le había dado instrucciones especiales respecto al pequeño ni le prohibió pincharle. Ni el hospital tenía un protocolo para estos casos. Añade que la enfermera era el eslabón más débil en el funcionamiento «anormal» del servicio sanitario.