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Cambiar el protocolo ante los infartos reduciría la mortalidad un 30 %

Publicada el: 24 de mayo de 2012

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Cuando una persona sufre un infarto de miocardio en la calle, en su casa o en el puesto de trabajo, los servicios de emergencia tienen como objetivo primordial llegar cuanto antes al centro médico más próximo para que sea atendido en los servicios de Urgencias. Esta práctica, la más extendida en todos los hospitales, no es la más adecuada para estas dolencias y otras patologías graves. Aunque suene extraño, la Sociedad Española de Cardiología (SEC) quiere cambiar este hábitoen todos los hospitales del país. ¿Cómo? Reformulando la estructura del protocolo de actuación. Estos cambios parten de una premisa, a priori, sencilla.

Los servicios de emergencia, en vez de ir raudos al centro más cercano, deben acudir al hospital que esté mejor preparado para atender ese infarto de miocardio. Allí se le puede realizar casi de inmediato una angioplastia como primer tratamiento. De esta manera, se podría reducir un 30 % la mortalidad en estos casos y evitar que el paciente sea primero tratado en un sitio para luego cambiar de hospital, con los problemas que conlleva para el propio enfermo. «Es necesario para los pacientes y para buscar la excelencia de nuestro sistema público de salud», recalcó José Ramón González Juanatey, jefe de Cardiología del complejo hospitalario universitario de Santiago.

Este sistema se implantó hace cinco años en Galicia, donde se ha logrado rebajar a la mitad el número de fallecimientos por infarto. También está implantado en Navarra, en el área metropolitana de Barcelona, en algunas zonas de Madrid y en Murcia, salvo Cartagena. Con esta experiencia, y la base de datos proporcionada por el Ministerio de Sanidad, esta sociedad científica ha realizado el estudio Recalcar (Recursos y Calidad en Cardiolgía) donde ha analizado las formas de mejorar el servicio de esta especialidad. En el año 2009, el Sistema Nacional de Salud (SNS) atendió unos 50.000 casos de infarto agudo de miocardio y 350.000 pacientes de enfermedad cardiaca, de los que un 7 % de los ingresados en un hospital no sobreviven y otro 7 % vuelve a ingresar en menos de un mes. «El estudio asegura que los hospitales que tienen más de 300 camas y una mayor complejidad (que atiende a más patologías) tienen mejores resultados que los pequeños», explicó el presidente de la SEC, Vicente Bertomeu, quien insistió en la necesidad de este programa. Uno de sus principales argumentos es el económico. Los infartos de miocardio suponen al año unos 250 millones para las arcas públicas; a esta cantidad hay que añadir otros 20 millones en los casos en el que paciente tiene que volver al médico. Según los cálculos de la SEC, de aplicarse su plan en toda España, se ahorrarían 20 millones porque en todas las comunidades hay «muy buenos hospitales coronarios».

Los cardiólogos insistieron en que el mecanismo es sencillo y fundamental para el futuro del sistema público. Esta reordenación se basaría en una red asistencial, es decir, un trabajo coordinado de los diferentes niveles y unidades en un territorio determinado para atender de manera continuada y de la forma más eficiente posible las distintas situaciones clínicas. «Los hospitales pequeños no son malos, sino que se puede organizar todo mucho mejor», apuntó el presidente de la SEC. González Juanatey puso como ejemplo que los centros con menos recursos podrían hacer otro tipo de operaciones más pequeñas, como una hernia discal, para restar trabajo a los centros de referencia. «Tenemos que buscar la excelencia.

Los pacientes con un infarto pueden ir al hospital de referencia para la primera atención, que es fundamental. Luego, el seguimiento se puede hacer en los pequeños», remató el doctor gallego.

De esta manera, se pondría coto a uno de los males de la sanidad española. «El sistema está totalmente fragmentado. Los hospitales actúan de forma independiente e incluso nos hemos pasado a la hora de hacer hospitales. Nuestra propuesta es que no se dupliquen estructuras», recordó Bertomeu. Estas unidades se deben considerar como «un sistema sanitario» para lograr trabajar en red, según el vicepresidente de la sociedad, Alfonso Castro Beiras. «Servicios y unidades deben superar los límites estrictos del hospital, para integrarse en una red asistencial. Se trata de compartir con el fin de elevar la calidad», aseveró el doctor Castro.

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