Enfermos con daño cerebral, a punto de quedar sin terapia por recortes en ayudas
Publicada el: 26 de octubre de 2013
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Cuando Juan tenía 13 años de edad, recibió una paliza de un vecino que lo dejó en coma durante un año. Prácticamente, quedó tetrapléjico. "En el Hospital Xeral, me dijeron que era irreversible, que no se podía hacer nada. No me apoyaron en nada", recuerda la madre, Pilar Díez. "Tras estar un año en rehabilitación en San Rafael, recuperó un poco. Buscando, encontré la Asociación de Dano Cerebral, Alento, y empezó a venir. Hoy en día es un chico que más o menos se defiende solo. Ahora dicen que fue un milagro. De milagro nada, fue gracias a mi insistencia por luchar por mi hijo", apunta Pilar Díez. La última fase de esa constancia la vive en Alento, que posee en Vigo centro de día y residencia para personas con daño cerebral. Ahora, Díez y otras madres afrontan un nuevo temor: tener que dejar de llevar sus hijos a las terapias y servicios de la asociación por falta de dinero.
"No podemos afrontar los gastos. Hemos luchado mucho para tener este centro y no queremos perderlo", apunta la viguesa Pilar Díez en el Día Nacional del Daño Cerebral Adquirido (DCA), que se conmemora hoy y que Alento celebró ayer con una jornada de puertas abiertas. Remedios Firvida, madre de otro usuario -con lesiones por un accidente de tráfico- explica que tuvo que dejar de trabajar para atender a su hijo, una condición obligada para gran parte de las madres con hijos con DCA. "Ahora, no me dieron la ayuda y estoy pensando en dejar de traerlo a la asociación", señala Firvida, quien se mudó de Ourense a Vigo para que su descendiente pudiese acudir a los servicios de Alento.
Hay que subrayar que este "ofrece el único servicio de la provincia de Pontevedra para personas con daño cerebral, provocado por ictus, tumores, accidentes de tráfico...", explica el director del centro, Gonzalo Mira, quien -a preguntas de este diario- indica (respecto a la preocupación de las familias) que "tenemos ilusión en las negociaciones con la Xunta para que la situación mejore".
Los problemas de los familiares se deben a que la Administración dice carecer de dinero para aplicar la Ley de Dependencia. En la actualidad, son las unidades familiares las que costean la atención. Si carecen de un trabajo y no reciben una ayuda de las consellerías o ministerios, se ven abocadas a que sus familiares no puedan acudir al centro y, por lo tanto, no puedan seguir desarrollando las capacidades que un día perdieron.
Para los usuarios, dejar de asistir a Alento -donde reciben atención en fisioterapia, logopedia, talleres de cuero, jardinería, cocina e informática, entre otros y donde socializan con otros compañeros- supone un varapalo. "Si tengo que dejar de venir, no podría vivir", apunta el redondelano Antonio Couñago, de 41 años de edad, que debido a un accidente cerebrovascular perdió capacidades para hablar y moverse. Hoy en día, señala, "hablo mejor, tengo más actividad aunque sigo con problemas en el lado derecho", que intenta neutralizar con el baile y la piscina.
Otro ejemplo de mejora tras años de terapia es el del vigués Luis Alberto Mozo. Una hemorragia cerebral en 2002 lo dejó en una silla de ruedas. La movilidad la fue recuperando y anda con normalidad ahora. Cuando llegó a Alento, no recordaba ni su nombre. Hoy, sabe incluso el de sus amigos del centro.
Entre ellos, además de Antonio, están Manuel Novas (Ponteareas) y Fernando Campos (Vigo). La actividad preferida de Manuel en Alento es realizar bolsos de cuero. Un atropello lo dejó tres meses en coma, tiempo en el que quien ahora es su mujer no lo dejó solo. "Ella, siempre ahí; es muy importante. Nos casamos después del accidente y somos padres", apunta. En el caso de Fernando, un derrame cerebral le restó movilidad en la parte izquierda. Al principio, necesitaba la silla de ruedas para todo. Hoy, anda con una muleta por sí solo y mueve bien el brazo izquierdo. Cuero, yoga e informática son sus actividades preferidas en el centro de día vigués.