Los Estados cada vez cuentan con menos recursos, y eso lo pagan los ciudadanos
Publicada el: 26 de octubre de 2013
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–¿Sigue creyendo en Europa?
–Apoyo un proyecto que sigue creyendo en la diplomacia y donde el grado de militarización sigue siendo limitado, Compárelo con los Estados Unidos, un país que ya no sabe lo que es esa diplomacia. Pero es verdad que Europa está en crisis, que sus estados han perdido el compás.
–Y en donde la extrema derecha gana adeptos a marchas forzadas.
–Vivimos tiempos de inseguridad económica, generada por los complejos corporativos, no por los inmigrantes. Y cuando se produce una fractura estructural caemos en la tentación de los viejos fanatismos. Y es que, si bien se mira, ser fanático permite una explicación.
–En Europa, los ultras de Francia y Grecia, pero en los Estados Unidos, el Tea Party.
–Fue influyente durante un tiempo, pero ha perdido mucho terreno. Estamos abocados a una nueva época del Estado liberal, pero nadie parece hacer los deberes. El reto es descifrar lo que está pasando porque si no lo hacemos surge la ansiedad, y la ansiedad es la antesala de las "soluciones" fáciles: La culpa, de los inmigrantes.
Saskia Sassen, holandesa de La Haya (1948). Socióloga, voz internacional de la teoría de la globalización y sus consecuencias, profesora de la Universidad de Columbia, en Nueva York y profesora invitada de la London School of Economics. Vive entre Londres y Nueva York, ha escrito en los últimos años libros clave de la sociología contemporánea como "Inmigrantes y ciudadanos", "Territorio, autoridad y derechos" y "Una sociología de la globalización". Hoy recibirá el premio "Príncipe de Asturias" de Ciencias Sociales 2013.
–¿Alguien se acordará en poco tiempo de los 400 muertos de Lampedusa?
–Es cierto que muchas cosas se olvidan. A veces uno no comprende cómo es posible que no se logren solucionar algunas crisis agudas. Hay una evidente degradación del proyecto político. Hace unas décadas los estados sabían lo que tenían que hacer, mejorar la enseñanza y la sanidad, por ejemplo. Hoy las clases políticas están preocupadas con otras muchas cosas.
–¿Qué está pasando en el mundo?
–Hay una distorsión de los mercados financieros por abuso de su propio poder, y eso ha arrastrado a ciertos sectores económicos que no tendrían ninguna razón para estar en crisis. Con el asunto de la deuda, economías muy sanas han caido, incluso aquellas que tenían una relación más bien marginal con el mundo de las finanzas. Es como si ese mundo fuera tan pegajoso que no nos lo pudiéramos quitar de las manos.
–¿Le queda alguna confianza en eso que llaman los mercados?
–A los 13 me volví comunista e incluso me puse a aprender ruso, pero aquello se me pasó pronto. Yo creo en los mercados, pero no en estos mercados distorsionados. Es un proceso que no es de ahora, viene de hace treinta años, pero es verdad que los últimos diez han sido especialmente agudos para mucha gente. Siempre va a existir desigualdad, es inevitable, entre otras cosas porque somos altamente imperfectos, pero es que ahora estamos viviendo una situación brutal.
–Los Estados fracasan.
–Los Estados cada vez tienen menos recursos, y eso supone que somos nosotros, los ciudadanos, los que salimos perdiendo. Por contra, el sector corporativo sube. Hay tendencias que no va a ser fácil cambiar.
–Nos dicen: o protegemos el sistema financiero o nos vamos todos al garete.
–Hay algo equivocado ahí, esa es una versión del capitalismo con la que no puedo estar de acuerdo, sobre todo porque proteger esos sistemas financieros y bancarios supone la expulsión injusta de mucha gente. Ahora se dice: poco a poco recuperamos el crecimiento. Y yo me pregunto: a costa de qué. Pues de que el 30% de la población griega ya no existe en términos económicos. Hablamos de empresas, de personas, de familias enteras. Y asistimos al empobrecimiento más radical nunca visto en el mundo.
–¿La crisis golpea especialmente a la clase media?
–La clase media fue la gran beneficiada del estado del bienestar, y ahora se sabe manejar mal con el nuevo escenario. Nos hemos vuelto meros consumidores de nuestra ciudadanía. En los Estados Unidos se han perdido más de nueve millones de hogares a causa de la crisis. La gente vive en campamentos, en carpas. Y yo les pregunto a mis alumnos: ¿quiénes pensáis que salen de esas carpas? Me contestan que alguien perteneciente a las minorías. No es verdad. Los inquilinos de las carpas son anglos bien afeitados, que se consideran dispuestos para trabajar
–¿Propone un capitalismo distinto?
–Sí, se impone una redistribución de las economías, apostar por las pequeñas bancas locales, aun aceptando que algunos propietarios sean un tanto monstruosos. Yo percibo que estamos en el inicio de una nueva coyuntura donde los ciudadanos van a tener que movilizarse más que ahora.
–Usted está casada con el sociólogo Richard Sennett, que muchos aseguran que sería un gran candidato para el premio "Príncipe de Asturias".
–Es verdad. Somos una pareja que estamos muy de acuerdo con muchas cosas, aunque hayamos llegado por caminos distintos. Nos llevamos muy bien, aunque nos vemos poco, y somos como vecinos intelectuales.