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El Sergas recurre la sentencia que le obliga a tratar a un niño

Publicada el: 19 de enero de 2014

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Víctor es un niño ourensano de cinco años con déficit de la hormona del crecimiento. Eso impide la normal reproducción de sus células y frena su desarrollo tanto a nivel físico como cognitivo. El sistema público de salud le negó el tratamiento y sus padres, con escasos recursos, recogieron tapones y pidieron la solidaridad de los ourensanos a través de campañas de las fundaciones Coren y Seur para pagarlo en una clínica privada.

Una sentencia emitida el pasado noviembre por el Juzgado de lo Social número 1 de Ourense, establece que Víctor tiene derecho a recibir el tratamiento por el sistema público. El magistrado Francisco Javier Blanco condenó al Servicio Galego de Saúde a asumir «el tratamiento íntegro» de Víctor «tanto en el gasto farmacológico como en el resto de las pruebas complementarias». Cabe recordar que el Sergas no solo negó el tratamiento sino que tampoco permitió que se hiciesen los análisis periódicos que se necesitan para el seguimiento del mismo.

La sentencia condena además al Sergas al abono de 780, 64 euros, correspondientes al tratamiento de la hormona del crecimiento, que los padres acreditaron haberse gastado en el momento de interponer la denuncia, el pasado mes de junio.

«A día de hoy es mucho más dinero, pero eso ya no nos importa, incluso estaríamos dispuestos a renunciar a todo si se hiciesen cargo del tratamiento», señala la madre, Rosa María Silva. Algo que no parece entrar en los planes del Sergas, que ha recurrido la sentencia ante el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia.

A la madre de Víctor, igual que a su marido, Fernando, les parece «una tremenda injusticia». No tanto por el recurso en sí, sino porque eso supone que la resolución definitiva puede demorarse años. «Nos han dicho que a veces hay que esperar hasta tres años», señala una angustiada Rosa. Los viales del tratamiento cuestan más de 600 euros por trimestre y el único sueldo que entra en esta familia de cuatro miembros es el de la madre como peluquera. El padre está en paro desde hace años y ya no recibe prestación alguna.

Los seis mil euros recibidos por los tapones y los aproximadamente 1.500 recogidos en una fiesta solidaria han hecho posible cumplir con los pagos no solo de los viales, sino también de las analíticas y viajes realizados desde que iniciaron el tratamiento en febrero del 2013, y cubrirán todavía algunos meses más. Pero cuando se agoten, no saben cómo harán para seguir adelante.

Y Rosa y Fernando tienen claro que quieren seguir. «Víctor es otro niño y el propio juez reconoce que los datos reflejan que le está funcionando» dice la madre. En apenas un año no solo ha crecido 12 centímetros sino que habla e incluso es capaz de hacer frases, jugar o subir una escalera, aunque aún presenta un retraso evidente con respecto a un niño de su edad.

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