Los pacientes deben ser lo más importante: hay que escucharlos
Publicada el: 9 de febrero de 2014
Volver al inicio«Fui siempre muy feliz». De esta manera resume Amparo Gómez Manso su vida profesional. Se jubiló la pasada semana después de 35 años de enfermera en el Complexo Hospitalario Universitario de Ourense (CHUO), los últimos como supervisora general de enfermería. De casualidad, y después de una experiencia infructuosa con Magisterio, Amparo dio sus primeros pasos en el viejo hospital de As Lagoas. Enfermera de medicina interna, paliativa y en el Materno, miles de pacientes ourensanos han pasado por sus manos. Ellos, asegura, tuvieron el cien por cien de su dedicación. «Fue algo que me encantó, que viví intensamente. Siempre me he identificado con ellos», explica. También habla de la importancia de trabajar mano a mano con el resto de los profesionales: auxiliares y médicos.
Gómez Manso guarda en su memoria muchas historias: tristes y alegres. Anécdotas de una persona que ha tenido como filosofía de trabajo conseguir que los enfermos se sintieran lo mejor posible. «Los pacientes deben ser lo más importante: hay que escucharlos. Las enfermeras somos las que estamos a pie de cama y a veces nos ven como sus ángeles de la guarda», subraya. Y añade convencida: «A veces una palabra vale más de mil terapias». Su etapa en paliativos, quizás la más dura, fue la que le dejó experiencias que no podrá olvidar. Situaciones emotivas. Recuerda la historia de una joven a la que se la dio por perdida y revivió. «Fue extraordinario ver las ganas de vivir que tenía aquella chica. Recuerdo la noche en la que se decidió, con todo el dolor de corazón, dejar de suministrarle los medicamentos por su estado. Ella se aferró a la vida. Fue mejorando y hoy tiene una vida normal».
Amparo habla de la gran responsabilidad que requiere el trabajo sanitario. «No te puedes confundir. Debes hacerlo bien», subraya, a la vez habla de las dificultades con las que se encuentran. «Hay épocas en las que te puedes ver sobrepasada. En invierno, por ejemplo, a veces hay saturaciones. Las enfermeras tienen que intentar que los pacientes estén cómodos. La verdad es que los enfermos también colaboran». Desde su papel de gestora y supervisora, Amparo habla de situaciones límite, de enfrentamientos internos para defender sus ideas y de momentos en los que ha tenido que dar la cara y defender a alguna compañera: «Esas cosas van en el puesto. Pero siempre hice lo que creía que había que hacer».
El avance en las tecnologías, los cambios en las relaciones entre enfermeras, pacientes y responsables de los centros y un sinfín de experiencias se mezclan en la cabeza de Amparo Gómez, en su despedida de la vida laboral. Ahora le gustaría seguir trabajando en temas sociales. «Al lado de los que lo necesitan», dice.