Eduardo Ortega Socorro
Aunque se detectó por primera vez en 1976, su impacto real no se inició hasta 2013. La primera noticia que se tuvo del virus ébola fue en dos brotes simultáneos, que tuvieron lugar en Sudán y en República Democrática del Congo. Fue aquí donde recibió su nombre, dado que una de las aldeas afectadas estaba cerca del río Ébola. A lo largo de los últimos 30 años ha habido más de 11 brotes, pero ninguno había sido tan virulento como el que desde finales de 2013 sacude parte de África occidental. El que afecta a Liberia, Guinea-Conakri y Sierra Leona ya ha provocado 3.338 muertos, según las últimas cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Margaret Chan, directora de la OMS
Este órgano de Naciones Unidas también llama la atención sobre otro aspecto preocupante: un infradiagnóstico de casos que hace temer el peor de los escenarios. Un escenario al que Estados Unidos se ha adelantado con un estudio elaborado por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Atlanta, que avisa de que, para enero de 2015, el virus podría afectar a 1,4 millones de personas.
Una de las principales barreras a la hora de combatir esta enfermedad está siendo la falta de alternativas terapéuticas. No existe una vacuna para prevenirla, ni un medicamento para curarla. Principalmente, son estas las razones que han acelerado una carrera por dar con una respuesta ante el virus, en la que compiten tanto grandes multinacionales como pequeñas biotecnológicas.
Por lo pronto, las autoridades sanitarias se están ‘saltando’ los controles y dando permisos extraordinarios para el uso de estos productos en pacientes afectados, cuando se considera necesario. Este ha sido el caso de ZMapp (de Mapp Biopharmaceutical), de momento con resultados desiguales: aunque parece haber sido efectivo en el caso de dos cooperantes estadounidenses en Liberia, poco pudo hacer este fármaco por la vida del sacerdote español Miguel Pajares, que falleció dos días después de que le fuera administrado.
Precisamente, lo experimental de este producto y la dificultad de su fabricación industrial (tanto por cuestiones técnicas como de costes) son las causas de que se estén manteniendo vivas otras líneas de investigación y desarrollo. Una de ellas es la de Tekmira, una biotecnológica cuyo medicamento TKM Ebola va a ser administrado a pacientes infectados, una vez agotadas las dosis de Zmapp. Esta compañía, de origen canadiense, cuenta desde 2010 con el apoyo del Departamento de Defensa de Estados Unidos para dar con una cura, dado que considera que el virus tiene potencial para ser empleado como arma bacteriológica. De ahí el contrato de 140 millones de dólares que tiene con la Casa Blanca.

Mark Murray, CEO de Tekmira
La situación es ligeramente diferente en el caso de Sarepta, una biofarmacéutica que desarrolla su negocio a partir de las terapias basadas en el ADN. La compañía contó también con el apoyo y los fondos de Estados Unidos, pero la liquidez se cortó en 2012. Sin embargo, y después de que se confirmara el primer caso de ébola en el país, en la ciudad de Dallas, Chris Garabedian, consejero delegado de la compañía, anunció en los medios de comunicación que cuenta con suficientes dosis para tratar a 100 pacientes, con un índice de curación de entre el 60 y el 80 por ciento, según pruebas en monos.
Por otro lado está Newlink, una empresa que, poco antes de agosto, llegó a un acuerdo con la Agencia para la Reducción de Amenazas contra la Defensa de Estados Unidos (DTRA, según sus siglas en inglés) para hallar una vacuna bajo el pago de un millón de dólares, que ya está en un ensayo clínico de fase I, y es una de las que más adelantado tiene su desarrollo.
Multinacionales
En un estado de avance similar se encuentra la vacuna que está desarrollando la multinacional anglosajona GlaxoSmithKline (GSK), que ya está probando cAd3-ZEBOV, en colaboración con el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, en pacientes sanos.

Chris Garabedian, CEO de Sarepta
Por último, una tercera candidata a vacuna es la de Johnson & Johnson, que ha acelerado el desarrollo de este antígeno, elaborado junto a la danesa Bavarian Nordic. El producto será probado a principios de 2015 en humanos, según ha anunciado la empresa, y está previsto un ensayo clínico para 2016.
Todos estos proyectos tienen un punto en común: la colaboración de todas las compañías con Estados Unidos que, de una u otra manera, ha estado implicada en las moléculas y vacunas con desarrollos más avanzados o con posibilidades de ver la luz. Y es que el Pentágono clasifica al virus del ébola como un agente de bioterrorismo y un arma en una posible guerra biológica.