Logo

Donde el ébola cotiza al alza

Publicada el: 10 de octubre de 2014

Volver al inicio

El martes, justo un día después de que hubiera trascendido la noticia de que Teresa Romero había contraído el virus del ébola, los títulos de la empresa norteamericana Lakeland Industries subieron un 17 % en Wall Street. La aparición del primer caso de una persona infectada fuera de Europa dio un nuevo impulso a unas acciones que han crecido un 91 % en lo que va de año. Lo que le ha ocurrido a Teresa ha roto el escudo que parecía tener el primer mundo frente al ébola y ha desatado en todo el planeta una fiebre preventiva que no solo se refleja en las cifras de Lakeland.

También se notan en la producción, y por tanto en los números, de otro de los grandes fabricantes de equipos especializados, la estadounidense Dupont Tecnologías de Protección, que tiene una sede en Asturias. Sus reputados trajes protectores son los que utilizan, por ejemplo, Médicos sin Fronteras, la Organización Mundial de la Salud (OMS) u otras muchas entidades que luchan contra la enfermedad en los países afectados. «Estamos profundamente preocupados por el brote de ébola y desde su aparición hemos estado trabajando para ayudar en los esfuerzos de respuesta. Como referente mundial en materia de protección, hemos decidido aumentar la capacidad de producción para poder atender la intensa demanda que se está produciendo en todo el mundo», dicen fuentes de la multinacional.

Lo que no concretan es el precio de cada uno de los trajes que han de utilizarse en la lucha contra el ébola porque, como explican, «el precio cambia y depende mucho del volumen que soliciten cada entidad. Es la red de distribución la que se encarga de estos temas», apuntan.

Fuentes de Médicos sin Fronteras explican que un equipo de protección biológica completo de los que usan (traje, mascarilla, botas, delantal, guantes, capucha...) cuesta una media de 86 euros. «El material que hay que destruir cada vez que se quita el traje cuesta unos 25 euros», matizan fuentes de la oenegé.

Esa cantidad habría que multiplicarla por un número muy elevado, sobre todo en los países donde se han registrado los mayores brotes. Porque, como apuntan desde Dupont, los trajes «no son reutilizables». Lo que garantizan es la seguridad cuando «se pone de la manera adecuada y con el resto de equipos de protección personal necesarios y si se siguen los procedimientos de descontaminación y retirada apropiados». Advierten de que «un traje que se usa o se quita de forma incorrecta puede dar como consecuencia la contaminación de quien lo usa».

De ahí que esa sea una parte fundamental a la hora de aplicar la política preventiva. En EE.UU. han habilitado un centro en Anniston (Alabama) donde reproducen un área de aislamiento africana para instruir al personal en cómo han de poner y quitar el traje, aunque el consejero de Sanidad de Madrid diga que «no hace falta un máster».

Cargando datos...