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Contrarreloj mundial por la vacuna

Publicada el: 15 de octubre de 2014

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Hay cinco vacunas contra el ébola en marcha en diferentes países del mundo y en fases distintas de desarrollo, a las que hay que sumar al menos tres fármacos en las fases finales de creación. Esta explosión de investigación tras años de abandono fue criticada ayer por la directora general de la Organización Mundial de la Salud, Margaret Chan: «El ébola surgió hace casi 40 años. ¿Por qué los médicos siguen con las manos vacías, sin vacunas y no tiene cura? Debido a que el ébola ha estado, históricamente, limitado geográficamente a naciones africanas pobres».

Sin duda, este es el principal motivo de la falta de investigación. Pero la ausencia de una prevención y un tratamiento curativo no se debe solo a eso. La malaria también se da en países pobres, y el actual esfuerzo inversor por sacar adelante una vacuna es enorme. Lo que ocurre con el ébola es que ha ido apareciendo en pequeños brotes aislados con relativamente pocas víctimas en cada ocasión; por eso resultaba muy difícil encontrar un programa para probar las vacunas en unas condiciones que validasen los resultados de esos ensayos. Claro que, evidentemente, si estos mismos episodios ocurriesen en el primer mundo la situación sería muy diferente.

 

Un mundo mal preparado

También cree Chan que «el mundo está mal preparado para responder a cualquier emergencia de salud pública grave», algo que la OMS denuncia en los últimos años, y que se temió iba a estallar en el 2009, cuando tuvo lugar la pandemia de gripe: «En mi larga carrera en la salud pública, que incluye la gestión de los brotes de H5N1 [aviar], el SARS en Hong Kong y la gestión de la pandemia de gripe H1N1 [gripe A] en 2009 (...) nunca antes había visto un hecho sanitario que amenace así la supervivencia de las sociedades y de los gobiernos en países ya de por sí muy pobres. Nunca he visto una enfermedad infecciosa que contribuya tan fuertemente al fracaso de los Estados potenciales», dijo Chan.

Por eso, en este brote tan grave, la creación de una vacuna va más allá de ser una cuestión sanitaria, ni siquiera sociosanitaria, y se convierte en un problema político y diplomático.

Lo cierto es que crear una vacuna no parece especialmente complicado, al menos desde el punto de vista técnico. Ahora mismo, las esperanzas de las oenegés que atienden a los enfermos, los países que gestionan contagiados -ya no solo en África-, así como la propia OMS miran hacia dos proyectos muy similares: el de la firma británica GlaxoSmithKline (GSK o Glaxo) y el del Gobierno de Canadá.

 

Preparar al sistema inmune

Ambas son muy parecidas en el funcionamiento: se selecciona un virus por su capacidad para reproducirse en el organismo; se vacía el núcleo y se inyecta en su lugar una parte mínima del, en este caso, ébola, pero no una muestra atenuada o muerta, sino un gen que genera una proteína determinada; cuando el sistema inmunológico de la persona vacunada detecta esta proteína, inmediatamente reacciona produciendo anticuerpos por si acaso. De esta manera, el vacunado ya está listo para, en caso de infección, acabar con el virus en los primeros momentos, antes de que empiece a extenderse por el organismo.

Los cálculos de la farmacéutica Glaxo son que para finales de año habrá disponibles en el mercado 100.000 dosis de este suero.

La opción canadiense va más o menos al mismo ritmo, y podría estar lista para su fabricación en serie el próximo enero. Claro que Canadá ya envió 800 viales a la OMS para que, si el ensayo en humanos que se está haciendo muestra que es la vacuna segura, se pueda inocular a los sanitarios en mayor riesgo, con lo cual ya empezará a usarse inmediatamente.

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