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«Ataqué al cáncer con la visualización creativa cuando me daban tres meses de vida»

Publicada el: 3 de noviembre de 2014

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Con el 80% del pecho tomado por un sarcoma de Ewing -un tumor maligno que le afectaba a huesos, músculos y nervios-, 28 kilos menos y un tremendo deterioro físico y psicológico,Iván Quiñoá decidió cambiar de actitud e implicarse de lleno en su enfermedad. «Mi experiencia personal tuvo lugar a los 16 años. Ataqué al cáncer con la visualización creativa cuando los médicos me daban tres meses de vida. Pasas de estar pasivamente ante un diagnóstico terminal, en el que los médicos dicen que no pueden hacer nada, la familia no sabe a qué agarrarse..., a decidir implicarse uno mismo en su proceso curativo», explica este sarriano de 36 años, que la semana pasada dio una charla en la asociación Reiki de Lugo.

 

-¿En qué consistió «su cambio»?

-A raíz de lo que me contó un familiar, estudié y me formé en los procesos de la mente a través de las visualizaciones creativas, y en la influencia que tenían en los procesos biológicos y psicológicos, porque una enfermedad de este tipo es un shock enorme. En aquella época no se conocían en España. Me dieron unas pautas que amplié y desarrollé día a día. La herramienta la creé yo y descubrí que aliándola con los tratamientos médicos, no dejándolos de lado, podía hacerlos más efectivos para atacar la enfermedad. El cáncer implica muchos daños colaterales porque luchas contra los dolores, las bajadas de defensas, las reacciones de la quimio y de la radio, las emociones...

 

-¿Qué es una visualización creativa?

-Le llamo «el escenario perfecto» porque trabajas con imágenes, sensaciones... Al principio, cuando estás empezando es bueno estar solo en un sitio tranquilo, en el sofá o en la cama, para concentrarte. Todo lo que visualices tiene que ir en la dirección de que cómo te estás curando. Pero si creas una imagen y el resto del día no das caña a través de la alimentación, la forma de vivir, andas estresado... no sirve de nada. Actitud, mente y cuerpo deben de ir en esa dirección.

 

-¿Qué imágenes creaba?

-Tenía visualizaciones para eliminar el dolor, y cuanto más las trabajaba menos calmantes y morfina me tenían que poner, aunque a veces era inevitable. También para relajarme. Al estar tanto tiempo en cama tenía llagas en la espalda, y la relajación es una herramienta muy poderosa cuando estás intranquilo y mal físicamente. Otra es la del descubrimiento interior. No entendía bien quién era yo: si era el enfermo con 30 kilos menos, el chaval vital y sano de antes, el de después... Con la de energetización visualizaba una situación en la me sentía fuerte, como nadando, porque la quimio era durísima, y recuperando esa vivencia real me volvía a sentir fuerte. Y la más importante, que era eliminar el tumor atacando las células cancerígenas. Lo hacía de varias formas. Por un lado enviaba un haz de luz desde mi mente y las iba eliminando por capas, como si fuera una cebolla, célula a célula, y siendo consciente de la forma y del color. Conocía bien la forma porque la veía en las resonancias. A veces también las comía con un come cocos, y siendo muy consciente de que no se podían eliminar en un día porque había miles y miles.

 

 

-¿Qué opinaron los médicos?

-Se lo comentamos. En aquel momento, hace veinte años, eran bastante escépticos, pero lo permitieron, no se negaron.

 

-¿Cuál fue el resultado?

-La enfermedad tuvo un retroceso total hasta curarme. A cada resonancia que pasaba aparecían menos zonas afectadas, hasta que en una ya no aparecía nada. Seguí con el tratamiento un año, y las visualizaciones las hago todavía. Para mí son una forma de vida, valen para el día a día, para ir descubriendo y consiguiendo objetivos que hacen feliz, y eliminando o transformando circunstancias traumáticas. Me daban un 90% de posibilidades de recaer y aquí sigo. Lo más duro fue perder a todos mis compañeros. Por eso hoy me veo reflejado, y lo que más me motiva es ayudar a quienes tienen contacto con el cáncer.

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