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Boi Ruiz admite que la política es cortoplacista, lo que daña la innovación

Publicada el: 6 de noviembre de 2014

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La jornada sobre tecnología sanitaria organizada por Fenin concluyó con la participación del consejero de Cataluña, Boi Ruiz, y de Martín Blanco, del Servicio Andaluz de Salud, cuyas reflexiones estuvieron moderadas por Manuel Peiró, de la escuela de negocios Esade.

Ruiz comenzó criticando la ley de contratos de la Administración, que, en su opinión, no se ajusta a lo que precisan compras públicas como las sanitarias. Según dijo, la política sanitaria nacional no progresa, ni tiene un plan claro para la próxima década, porque está lastrada por una gestión administrativa demasiado centrada en reglas y decretos: "De nada sirven las innovaciones si la propia Administración no innova".

El consejero catalán partió de que los problemas se inician con una infrafinanciación crónica en el SNS, algo que se complica con el hecho de que "sólo se toman decisiones a corto plazo, porque los presupuestos se cierran cada 31 de diciembre". Como ejemplo de este pernicioso cortoplacismo, citó los nuevos fármacos para la hepatitis C: "Podemos adquirirlos, y así, dentro de varios años, se reducirían los hepatomas, los trasplantes y las cirrosis, pero sólo pensamos en los fondos de un año, no en ahorros futuros".

Sobre las agencias de evaluación de tecnología (11 en el SNS), Ruiz dijo: "Es mejor que haya varias, y especializadas, a una que lo gestione todo". Concretó que deberían ser (cree que ahora no lo son) la máxima autoridad frente a otras instancias que también influyen en la compra de tecnologías.

'Copiar' sin privatizar
Sobre la relación del sector público sanitario con el privado, señaló que el primero debe incorporar parte de las ventajas del segundo, sin que esto signifique privatizar. También solicitó más rendición de cuentas sanitarias.

Martín Blanco lamentó que la innovación se acompañe de "procesos largos y farragosos", aunque admitió que "se ha innovado bastante pese a la ley". Se mostró partidario de fórmulas poco explotadas como la compra pública precomercial, y echó en falta más imaginación al adquirir tecnología sanitaria "por ambas partes, lo que, sumado a la rigidez del sistema, nos deja casi siempre con el clásico contrato firmado a cuatro años".

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