El equilibrio energético, arma frente a la obesidad
Publicada el: 12 de noviembre de 2014
Volver al inicio"Los cambios en los hábitos alimentarios se producen cada generación, es decir, que tardan entre 25 y 30 años. El aumento en la obesidad se ha producido en los últimos diez años y no ha ocurrido porque comamos de forma diferente sino porque somos sedentarios", ha explicado a DM Susana Socolovsky, vicepresidenta de la Asociación Argentina de Tecnólogos Alimentarios, a propósito de su intervención en el III Congreso de Nutrición y Salud Pública, que se está celebrando en Las Palmas de Gran Canaria. Según Socolovsky, se trata de balance energético: "Todos los nutrientes son aptos para ser consumidos; la obesidad no se debe a un alto consumo de grasas o de azúcar, se trata de la falta de equilibrio entre el consumo energético y el gasto calórico. Comemos lo mismo pero nos movemos la mitad y engordamos. La gente ve partidos de fútbol pero no juega al fútbol...". Por ello recomienda hacer la suficiente actividad física y no centrarse en dietas restrictivas que pueden empeorar el estado de salud y evitar que obtengamos los micronutrientes, vitaminas y minerales necesarios.
Metodología
En el congreso se ha presentado el modelo y la metodología empleados en el desarrollo del Estudio Anibes (Antropometría, Ingesta, y Balance Energético en España), que permitirá evaluar la ingesta y gasto energético, de macronutrientes, así como los datos antropométricos y el comportamiento alimentario de la población española por primera vez en un estudio. "Conocer y comprender el equilibrio energético, así como estudiar de forma integrada sus componentes e interacción, serán algunos de los factores clave de las nuevas encuestas y guías alimentarias, cuyo objetivo será la promoción de la salud con recomendaciones nutricionales y de actividad física más acordes con los estilos de vida actuales", ha explicado Javier Aranceta, presidente del comité científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria, y moderador del simposio Las encuestas alimentarias y su impacto en acciones de promoción de la salud.
Socolovsky ha explicado que en España las tablas de composición de alimentos están actualizadas, y en una situación de evaluación epidemiológica mejor que en Sudamerica. Allí las tablas que se utilizan para realizar las encuestas alimentarias no tienen en cuenta los alimentos de bajo contenido calórico. "En América Latina en los últimos 20 años ha habido un gran aumento de alimentos en los que se han reemplazado los macronutrientes típicos -grasa e hidratos de carbono-, por otros de menor contenido calórico de alta tecnología. Cuando se pregunta a los consumidores no se toman en cuenta estos alimentos en las encuestas, por lo que el resultado no refleja el consumo real". Así, puesto que las encuestas sirven para conocer el consumo de la población y su estado de salud para fijar recomendaciones dietéticas o políticas públicas, Socolovsky recomienda actualizarlas para hacerlo con corrección.
Edulcorantes
Pilar Riobó, jefe asociado de Endocrinología y Nutrición de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, ha explicado que los estudios aseguran que los edulcorantes no tienen efectos secundarios y pueden utilizarse como una herramienta en la lucha contra la obesidad para evitar la ganancia de peso.
Según Riobó, durante el simposio sobre su eficacia y seguridad, se han presentado datos que refutan la relación entre los edulcorantes y varios tipos de cáncer, así como su aval por la EFSA. Riobó ha añadido que la literatura muestra que los usuarios de edulcorantes tienen un estilo de vida más sano, fuman menos, hacen más ejercicio y tienen un nivel educativo mayor. "En el tratamiento de la obesidad no son la panacea, pero pueden usarse como un instrumento más para perder o no ganar peso, siempre asociado a una dieta equilibrada, al aumento del ejercicio, al control de la ansiedad -factor que potencia la ingesta- y al control de ciertas medicaciones".