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La trampa del crédito exprés

Publicada el: 9 de diciembre de 2014

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El sobreendeudamiento que acompañó los días de gloria del crecimiento español, bendecido por los poderes públicos, permitido por los supervisores y alentado por la banca para su negocio, abocó a España a dos recesiones y a un proceso de ajuste cuya factura, pendiente de pago, se ha deslizado de arriba hacia abajo. Aquella fiesta inmobiliaria acabó en una inmensa borrachera colectiva, y los ciudadanos, con sus impuestos, fueron al auxilio de quienes habían descorchado las botellas.

El paro y la devaluación salarial han disparado las necesidades en miles de hogares. Y paradójicamente, de los préstamos para la compra de coches y pisos dispensados sin control, se ha pasado a los créditos exprés para afrontar facturas, llenar la nevera o atender una necesidad vital. El eslabón más débil como nicho de mercado de las pequeñas financieras y los bancos. Una y otra burbuja no tienen ni comparación, tanto cuantitativa como cualitativamente, pero traen a primer plano un asunto que no es baladí: cómo los hogares más desfavorecidos siguen expuestos al sobreendeudamiento. Un informe elaborado por la Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros (Adicae) sobre la capacidad de ahorro de los consumidores más vulnerables ilustra cuál es la realidad gallega: el 37 % de los ciudadanos son incapaces de cerrar el mes con un euro de excedente y otro 13 % presentan un ahorro ocasional de menos de 100 euros. Pero de la radiografía trazada Adicae destaca, sobre todo, que un 28 % de los ciudadanos no pueden cubrir todos sus gastos cada mes y un 9 % está de forma permanente en números rojos.

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Condiciones abusivas

Esto significa que uno de cada tres gallegos se halla expuesto al riesgo de tener que recurrir al crédito rápido para atender sus desequilibrios financieros, con el peligro de sobreendeudamiento que ello conlleva. Las condiciones de estos préstamos, en muchos casos abusivas, implican intereses elevadísimos y un evidente riesgo de impago que puede acabar en la trampa mortal del embargo.

Los analistas solo recomiendan este recurso cuando existe la certeza de que, en el corto plazo, se va a recibir ese ingreso. Solo en ese supuesto compensa asumir la elevada carga de intereses si se cubre una urgencia. Pero ese no es el denominador común. En situaciones extremas, de agobio económico, no abundan las conductas racionales. Y lo que se cree que es una venda, acaba agrandando la herida. El informe de Adicae muestra que, en caso de necesitar dinero, el 40 % de los gallegos recurren a familiares y amigos, el 28 % al préstamo bancario, el 18 % a la tarjeta y el 14 % a los préstamos de financieras y comercios. Casi uno de cada cuatro gallegos reconoce que arrastra un endeudamiento excesivo.

Alarma por minicréditos

La inmensa bolsa de población expuesta a los llamados minicréditos o créditos rápidos ha hecho saltar las alarmas en las organizaciones de usuarios. Se trata de préstamos con un bajo capital (de 50 a 1.000 euros), con escasa documentación, en la que no es incluso obligatorio una nómina, y que en cuestión de minutos hacen que el dinero esté en la cuenta del solicitante. Del mismo modo que se conceden rápido, el plazo de devolución es muy corto: entre una semana y un mes.

Con frecuencia, se trata de productos muy cuestionados por su publicidad. La información no es clara ni completa porque omite deliberadamente el coste final del préstamo; es decir, comisiones e intereses, que llegan al 50 % en algunos casos (operaciones a una semana o mes), y si hay demora en el pago se disparan (hay casos de hasta el 100 %). Es un producto dirigido a un consumidor muy vulnerable. De hecho, personas inscritas en el registro de morosos reciben anuncios directamente.

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