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Una guía pautará ejercicio en supervivientes de cáncer

Publicada el: 12 de enero de 2015

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Hasta ahora, a los pacientes con cáncer y a los supervivientes se les prescribía ejercicio según las guías propuestas por el Colegio Americano de Medicina del Deporte para población sana. Un trabajo coordinado por el Grupo de Investigación en Actividad Física y Salud (Giafys), que se publica en International Journal of Sports Medicine, ha mostrado que esas pautas no se corresponden con las necesidades de los pacientes oncológicos. En ellos la intensidad moderada en la que debe prescribirse el ejercicio está entre el 55 y el 70 por ciento de la frecuencia cardiaca máxima teórica; entre el 23 y el 48 por ciento de la frecuencia cardiaca de reserva; entre 2,5-4,0 MET (equivalente metabólico), y entre 8-14 de la escala de percepción subjetiva de esfuerzo. Según ha explicado a DM Fernando Herrero Román, especialista en Medicina del Deporte, y presidente de Gyafis, estos parámetros permiten obtener beneficios y no sobreentrenar en ejercicio aeróbico.

Los resultados señalan que es necesario contar con guías específicas de actividad física para la prescripción individual de supervivientes y pacientes y dan las pautas para aplicar de forma específica los programas. "Para los que contamos con una prueba de esfuerzo y análisis de gases espirados para determinar con exactitud esos parámetros, la guía no es necesaria, pero esa opción está al alcance de pocos profesionales. Por eso queríamos crear una guía para que cualquier médico o técnico deportivo pudiera prescribir ejercicio a estos pacientes", ha explicado Herrero Román.

  • Los supervivientes de cáncer deberían adoptar un estilo de vida saludable, que incluya actividad física. Hasta ahora no existían guías específicas de prescripción

No obstante, según se ha podido observar en el trabajo, en el que han participado 152 pacientes supervivientes de cáncer, "mejoran los parámetros absolutos pero los relativos se mantienen. Es decir, el consumo de oxígeno máximo y el relativo a determinadas intensidades de los umbrales mejoran de forma objetiva. Pero la frecuencia cardiaca a la que ocurren esas mejoras se mantiene".

Pieza clave del proceso
Independientemente del momento, ya esté el paciente recibiendo quimio o radioterapia, o años después del tratamiento, los parámetros no cambian. "Si el paciente no hace ejercicio su calidad de vida y su capacidad de afrontar el ejercicio están reducidas. Por eso queremos lanzar el mensaje de que es necesario iniciar una actividad física cuanto antes, siempre que ésta esté adaptada e individualizada", ha dicho Herrero Román. Los beneficios que se obtienen del ejercicio físico son globales, no sólo en la mejora de la calidad de vida, sino que unido a un soporte nutricional y psicoemocional, mejoran la capacidad muscular y la funcionalidad cotidiana y la adaptación cardiorrespiratoria.

  • El rango de intensidad para supervivientes se corresponde con el 41-64% de consumo de O2 máximo, el 55-70% de la FC máxima y el 23-48% de la de reserva, y 2,5-4,0 MET

El estudio concluye que "los programas de ejercicios deberían ser considerados como parte clave de la terapia de recuperación inmediatamente después del diagnóstico, debido a que los pacientes no mejoran su estadio cardiorrespiratorio a menos que realicen un programa de actividad".

Los pacientes con cáncer muestran un consumo de oxígeno disminuido, un parámetro que determina el estado de salud de forma indirecta. Según Herrero, esta reducción viene dada por la patología, por su tratamiento y por el sedentarismo que se produce durante el proceso. "Es un conjunto de factores que ayudan a que la persona sea menos activa, lo que reduce la capacidad física y es un círculo que hay que romper con actividad física individualizada y adaptada al proceso. Cada vez más investigaciones muestran que el ejercicio reduce el riesgo de recurrencia de un segundo cáncer y de recidiva, aparte de prevenir la obesidad, la hipertensión..., patologías de mayor riesgo para este colectivo que para personas sanas".

En el trabajo han colaborado Erreka Gil Rey, licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte; Koro Quevedo Jerez, psicocooncóloga del Gabinete Médico Deportivo del Ayuntamiento de Miranda de Ebro, y Sara Maldonado-Martín, profesora de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de la Universidad del País Vasco. La financiación ha corrido a cargo de Giafys, una asociación sin ánimo de lucro que nació en 2004 con el objetivo de trasladar a la población la importancia del ejercicio en procesos oncológicos, además de realizar consejo nutricional y soporte psicoemocional.

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