Con ayuda de técnicas de impresión 3D, un grupo de científicos de la Universidad de Shanghai ha elaborado vasos sanguíneos artificiales con materiales compuestos.
Los investigadores han empleado materiales que favorecen la elasticidad de los vasos, así como el crecimiento de nuevas células, dos características que no se consiguen con los injertos vasculares sintéticos que se investigan como alternativa a los del propio paciente o de donante.
Los nuevos injertos artificiales incluyen fibras de polietenol y polisacáridos como el chitosán, que se degradan de forma natural en unos seis meses, dejando intacto el vaso sanguíneo.
Yuanyuan Liu ha coordinado este trabajo, cuyos resultados se publican en AIP Advances. Los vasos obtenidos se cultivaron en un armazón de fibroblastos de roedores para demostrar que conseguían el crecimiento celular.