Tras años de trabajos experimentales en terapia celular, empiezan a depurarse las estrategias que podrán ser útiles en la clínica. Así, el grupo de Exuperio Díez Tejedor, en el madrileño Hospital La Paz, acaba de iniciar la fase II de un ensayo donde se administran células alogénicas por vía intravenosa a pacientes con ictus isquémico de leve a moderado.
El neurólogo publica en Journal of Science Translational de este mes la prueba de concepto de su línea terapéutica: las células mesenquimales de la grasa xenogénicas (humanas transfundidas en ratas) son tan eficaces como las de la médula ósea. Estudios como éste pueden zanjar el debate sobre qué tipo celular es el idóneo para tratar el ictus, así como la mejor vía de administración.
Hay científicos que han optado por implantar las células en el cerebro; precisamente, un grupo de la Universidad de Pittsburgh ha presentado en la Conferencia Internacional sobre Ictus datos de la inyección cerebral de células de la médula ósea para recuperar la discapacidad por ictus (una media de 22 meses tras la lesión) con resultados desiguales. Otros se han decantado por estudiar la vía intrarterial, a través de la carótida, y algunos indagaron la venosa.
Entre estos últimos, se encuentra Díez para quien ya se ha superado la premisa de que el objetivo de la terapia celular es reemplazar neuronas dañadas por nuevas. "Es un error de concepto por el que se ha perdido mucho tiempo. Incluso al implantar las células directamente en el cerebro, no se conseguía que sobrevivieran más allá de un tiempo ni que hicieran conexiones intercelulares", reflexiona.
En cambio, en sus experimentos con ratas -y ahora espera demostrarlo en pacientes- las células injertadas por vía hemática navegan por el organismo y se almacenan en entornos favorables, como el pulmón o el bazo, para actuar en respuesta al tejido dañado, en este caso el cerebral. En concreto, generan factores tróficos que estimulan a su vez la producción de neuronas, glía y vasos.
En el fondo, se trata de aprovechar la capacidad reparadora del organismo. Por ello, la terapia debe administrarse en la fase próxima a la lesión, antes de que aparezca la cicatrización tisular.Las células mesenquimales de tejido adiposo resultan ideales: son "inmunoprivilegiadas", pues no generan rechazo inmunológico, y fáciles de obtener, incluso de forma industrial, lo que permite una implantación segura y rápida, en las dos primeras semanas tras el ictus.
Como éste, un puñado de ensayos se desarrolla en todo el mundo. Es de esperar que se sumen más investigadores a esta línea, a tenor del bajo riesgo para el paciente y los buenos datos preclínicos.