Los accidentes en pirotecnias se han cobrado dieciséis vidas desde 1980
Publicada el: 19 de septiembre de 2010
Volver al inicioOurense y sus fiestas no conocen realidad que no esté vinculada a los fuegos artificiales. Fuegos que, en la mayoría de los casos, están elaborados por empresas de la provincia. Eso sí, más allá de la diversión que generan y del negocio que supone para ellos, los empresarios han pagado un precio muy alto por dedicarse a una profesión, los datos lo demuestran, demasiado vinculada al peligro.
Dieciséis personas. Es la cifra de muertes ocurridas debido a explosiones en pirotécnicas desde los años 80. Algunas fueron tan dramáticas -la muerte de cinco personas en un accidente ocurrido en la pirotecnia Cabo en 1984- que todavía siguen grabadas a fuego en la memoria de la provincia. Antes, en 1981, se había registrado otro con tres víctimas, el mismo balance del siniestro de 1997 en la pirotecnia Josman, donde el pasado 30 de agosto fallecía la víctima mas reciente vinculada a esta actividad laboral.
En todos los casos, o casi todos, un denominador común. Fallecidos vinculados a una misma familia y accidentes que han hecho tirar la toalla a los empresarios supervivientes.
El caso más reciente es el de la pirotecnia Melias, en Pereiro de Aguiar. En septiembre del 2006 dos de los tres hermanos que regentaban la empresa murieron durante una gravísima explosión registrada mientras manipulaban material explosivo, según dictaminaron los informes de la Guardia Civil. Todo apunta a que una de las víctimas se cayó al suelo, originándose una deflagración.
Aquel accidente, ocurrido el 8 de septiembre, fue la gota que colmó el vaso para el tercer hermano, que sobrevivió al siniestro. Semanas después de aquello decidió echar el cierre definitivo a la empresa, de la que hoy ya no queda nada.
Actualmente, cuatro son las firmas que mantienen en activo al sector y que dan abasto a la importante demanda de material pirotécnico que se genera en la provincia, sobre todo en los meses de verano. Josman, con fábricas en Lobios y Coles; Xaraiva, con sede en Verín; Abad, de Leiro, y San Rosendo, de Celanova, son las únicas autorizadas y controladas por las autoridades.