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Cada año se diagnostican 3.600 casos de melanoma en España

Publicada el: 15 de junio de 2015

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Antes de los 18 años, una persona habrá recibido el 80 % de la radiación solar que su cuerpo podrá soportar a lo largo de su vida. Pero aún hay más. El 30 % del capital solar asignado a cada individuo se gasta antes de los seis años. Son datos que los dermatólogos tienen muy en cuenta cuando lanza de forma reiterada la misma advertencia, y más en jornadas como la de ayer, en la que se celebró el Día Europeo del Cáncer de Piel: la necesidad de protegerse de los rayos ultravioleta, especialmente en la niñez y en la adolescencia.

El aviso no es baladí, ya que una quemadura de piel en la infancia triplica el riesgo de sufrir un melanoma, el tumor de piel más mortífero, en la edad adulta. Es para tenerlo muy en cuenta, porque este cáncer va en aumento cada año en España, donde se diagnostican al año unos 3.600 casos. Es más, su incidencia ha aumentado un 38 % desde el 2011, casi un 10 %, según se recoge en el estudio IPSOS 2015, realizado por IPSOS y La Roche-Posay.

Puede ocurrir que este incremento se deba a que muchos de los ahora adultos se despreocupaban de la protección de la piel con cremas solares adecuadas durante su infancia, porque en esa época aún no se era consciente de la gravedad del problema, o también porque las campañas hacen efecto y cada vez es mayor el número de personas que acude a su dermatólogo a revisión, con lo que se detectan un mayor número de casos.

Aunque en todos los tumores un diagnóstico precoz siempre es vital, en el melanoma aún lo es mucho más aún. Si se coge a tiempo puede tratarse, pero si metastatiza e invade otros órganos las posibilidades de supervivencia son muy escasas. «Cuando nos encontramos ante un melanoma metastásico, la mortalidad es superior al 90 %, casi de un 100 %», advierte Eduardo Fonseca, jefe de la sección de Dermatología del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac). En el caso del denominado melanoma invasor, que tiene probabilidad de metástasis, pero que aún no se ha manifestado, la mortalidad se reduce al 20 %.

Aún falta concienciación

Pero, pese a las campañas regulares, todavía falta mucha concienciación entre la población sobre los riesgos de una exposición imprudente a los rayos ultravioleta. Así lo cree Cristina Villegas, la jefa de servicio de Dermatología en el Hospital Universitario Sanitas La Moraleja (Madrid).

«El sol es fuente de vida, calor y bienestar, pero es importante la educación en la salud, para aprender a exponernos sin ningún riesgo. Es importante tener un buen asesoramiento por parte de nuestro dermatólogo que, en función de nuestra edad, sexo, fototipo cutáneo, antecedentes familiares y tipo de piel, nos prescribirá el protector más adecuado», explica la experta. También hay expertos que aconsejan tomar el sol con algo de ropa a las personas que tienen más de treinta lunares.

Carcinoma espinocelular

Es un tumor de piel maligno que se origina en las células escamosas de la epidermis. Crece de forma destructiva y metastatiza, principalmente por la vía linfática, aunque el índice de metástasis es bajo. Comienza como formaciones muy pequeñas, brillantes y abultadas, que aparecen sobre la piel (nódulos) y se agrandan muy lentamente, aunque la velocidad de crecimiento varía. El borde suele adquirir un aspecto blanco perlado. Es su forma de presentación más frecuente. Es el segundo tumor de piel más frecuente, pero curable con buen pronóstico y con el mismo tratamiento que en el caso anterior, aunque en algunos casos también es aconsejable la radioterapia.

Carcinoma basocelular

Es el cáncer de piel más frecuente y su incidencia aumenta con la edad, ya que el 80 % de los pacientes son mayores de 50 años. Suele localizarse en la cara y, en general, en aquellas zonas más expuestas al sol, como orejas, nariz, cuello y hombros. Su forma más común es en forma de protuberancias en forma de bóveda de color blanco. También en forma abultada de color rosado con borde redondeado y ligeramente elevado. Puede incluso manifestarse como una mancha rojiza o una zona irritada. Su ventaja es que no metastatiza y su curación es prácticamente absoluta. El tratamiento habitual consiste en su eliminación quirúrgica o bien con nitrógeno líquido o láser.

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