La ley gallega de enfermos terminales da seguridad al médico
Publicada el: 24 de junio de 2015
Volver al inicioLa nueva Ley de Derechos y Garantías de la Dignidad de los Enfermos Terminales, aprobada por unanimidad en el Parlamento de Galicia (ver DM de ayer), ha sido bien recibida por los especialistas en cuidados paliativos. Aunque es pronto para valorar en detalle el texto definitivo, los expertos consultados por DM se felicitan del consenso alcanzado por los políticos.
La mayoría de los preceptos legales figuran ya en leyes orgánicas y autonómicas (Ley de Cartera de Servicios o la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud), pero con la ley gallega se compendian todas esas disposiciones deslavazadas y se ofrece un nuevo contenido legal que deja claro el marco asistencial del final de la vida. Ésta es una de las aportaciones que más satisfacen a los especialistas: "Es una actualización de las buenas prácticas médicas en paliativos, lo que da seguridad a los profesionales y garantías a los pacientes. Es un avance que se enmarque todo y se defina bien el momento de pasar al área de paliativos, las estructuras o los soportes", afirma Juan Sanmartín, jefe del Servicio de Cuidados Paliativos del Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña. También coinciden en que, por fin, se reconozcan como "temas de Estado" la atención en la etapa final de la vida y el derecho a los cuidados paliativos: "En la última encuesta del CIS, más del 40 por ciento de los encuestados decían haber tenido una experiencia con una persona cercana que murió con dolor y sufrimiento; es por tanto una cuestión de máxima importancia" y prioridad, enfatiza el presidente de la Sociedad Gallega de Cuidados Paliativos, Carlos Fernández Fraga.
Su contribución a la difusión y extensión de los cuidados paliativos así como la regulación de espacios dignos que aumenten el confort, son otros beneficios que destacan. Para Jesús García Mata, jefe del Servicio de Oncología del Complejo Hospitalario Universitario de Orense, del que dependen los cuidados paliativos, el confort del paciente y su familia no es baladí en una situación de evidente dolor, "por lo que es muy importante que se tenga en cuenta por ley".
Memoria económica
César Labrador, jefe de Sección de Cuidados Paliativos del Complejo Hospitalario de Pontevedra, está convencido de que la nueva ley será un elemento dinamizador para extender los cuidados paliativos y para que la población los reclame. No obstante, el presidente de la Sociedad Gallega de Cuidados Paliativos pone de manifiesto un defecto del que, según explica, adolece esta ley y la mayoría de las nacidas en otras comunidades autónomas, como Navarra, Aragón, Andalucía, Cataluña, Canarias y Extremadura, y es la ausencia de una memoria económica que se traduzca en cambios reales; así, en Galicia, se precisa duplicar el número de profesionales para llegar al ratio recomendado (80 médicos por millón de habitantes y entre 2,5 y 3 enfermeras por médico): "Habría que dejar la dinámica de legislar sin dinero por detrás. Hay que establecer necesidades concretas y recursos adecuados".
Todos apoyan que la Ley no contemple la objeción de conciencia porque la sedación paliativa no tiene nada que ver con la eutanasia, está perfectamente definida en los consensos nacionales e internacionales y se hace cuando no es posible tratar al paciente para aliviar su sufrimiento. "El Juramento Hipocrático compromete a curar y, cuando no se puede, a cuidar al paciente", recuerda Labrador.
Ampliar el foco de los paliativos
Carlos Fernández Fraga, presidente de la Sociedad Gallega de Cuidados Paliativos, aboga por ampliar el foco de los cuidados paliativos y no reducirlos al momento en que empieza la agonía sino prestar este tipo de atención a las personas que lo necesitan, como los crónicos avanzados por ejemplo, a las personas que padecen enfermedad de Alzheimer. Juan Sanmartín, jefe del Servicio del Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña, está de acuerdo en que se establezcan niveles de cuidados paliativos, pero estima que la Ley gallega es del final de la vida, no de atención paliativa.