La nutrición pasa por un momento dulce. Investigación tras investigación intenta distinguir los alimentos beneficiosos y los menos saludables. Sin embargo, algunas sombras planean aún por esta ciencia, que para muchos escépticos continúa sin serlo.
José M. Ordovás, director de Nutrición y Genética de la Universidad Tufts en Washington, es uno de los nutricionistas españoles de mayor prestigio internacional y con su libro La nueva ciencia del bienestar: Nutrigenómica ha pretendido acercar esta aún desconocida ciencia a la sociedad. Ordovás explica que a la hora de definir y diferenciar nutrigenética de nutrigenómica las definiciones son secundarias a los objetivos de estas ramas de la ciencia. Ambas pretenden entender cómo funcionan, de manera general, los alimentos en nuestro organismo (nutrigenómica) y cómo cada uno de nosotros, debido a nuestra individualidad genética, responde de manera diferente a ellos (nutrigenética). Así, ambas disciplinas trabajan de manera complementaria en la interacción que entre genes y alimentos define nuestro estado de salud.
Qué ocurrirá
De cara al futuro de estas ramas de la investigación Ordovás se muestra optimista, ya que nos proporcionarán el conocimiento y los instrumentos para llevar a cabo una prevención y terapia nutricional más eficaz y personalizada. Hasta ahora ha habido cantidad de mitos nutricionales y de movimientos pendulares acerca de qué alimentos son buenos o malos. Sin embargo, esta clasificación responde "al momento histórico o bien a lo que dice el último artículo publicado". Esto se debe en unos casos a que no conocemos los mecanismos moleculares a través de los cuales actúan los alimentos sobre nuestro metabolismo y, en otros, a que el metabolismo de una persona difiere del de otra. Así, los estudios de observacionales de epidemiología nutricional pueden dar unos resultados u otros dependiendo de la composición genética de la población y de su exposición general a factores ambientales. En última instancia, lo que la nutrigenómica y nutrigenética pretenden es racionalizar la ciencia de la nutrición proporcionándole los cimientos sólidos de la biología molecular y el reconocimiento de la individualidad genética de cada uno de nosotros.
Pero, realmente, para que esta racionalización funcione Ordovás considera que hay que comenzar a aportar beneficios de manera inmediata a los ciudadanos, algo que se conseguiría dándole a la ciencia de la nutrición la seriedad que se merece y que se merecen los ciudadanos. Esto se complementará con la puesta en práctica de sus últimos objetivos: poder recomendar a cada ciudadano de una manera precisa qué comportamiento nutricional es el más apropiado para prevenir la enfermedad o recuperar la salud.
Fomentar la nutrición
"Los resultados ya han sido patentes", afirma con orgullo el investigador. La forma en la que se hace la investigación hoy en día, de una manera integrada y en grandes equipos, proporciona la masa crítica necesaria para que tales avances se produzcan. Hasta ahora han estudiado cómo los genes interaccionaban con componentes de la dieta para regular los niveles de colesterol plasmático, o el índice de masa corporal de una persona, pero en estos momentos son capaces de llegar mas allá de los factores de riesgo y poder predecir cómo una interacción gen-dieta (por ejemplo el gen TCF7L2 y la dieta mediterránea) puede influir sobre el curso de la enfermedad (por ejemplo el ictus). Se trata de avances muy satisfactorios y muy prometedores para esta especialidad.
Bajo la referencia de estos avances, la nutrición ha pasado "de ser algo que necesitábamos para sobrevivir (en generaciones anteriores) a convertirse en la panacea que nos va a hacer más altos, más fuertes, más atractivos, más inteligentes y vivir así más años". Ordovás se permite esta licencia matizando que la nutrición no es farmacología, es algo mucho más orquestado y equilibrado. Piensa que esta ciencia "está pasando por el momento de confusión que caracteriza a la adolescencia, y que con la madurez, que esperamos le traiga el futuro, este buen momento actual se convierta en algo mejor y más estable".
El experto considera imprescindible respetar la nutrición, sin que haya cabida para el intrusismo de "aquellos que no tienen nada serio que ofrecer; y para esto es imprescindible aumentar la investigación".
Patrones y ritmos individuales
Ordovás trabaja con otros equipos a fin de entender cuáles son los patrones genéticos que conducen a un riesgo elevado de obesidad y los mecanismos moleculares implicados en poder recomendar, basado en el componente genético, el patrón dietético apropiado para que el individuo no gane peso o lo pierda.
Otro aspecto de gran interés son los ritmos circadianos o estacionales. Pero el mayor reto es el cerebro y eso también se aplica al entendimiento a nivel molecular de por qué lo que comemos tiene repercusiones en nuestras emociones.