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Los avances médicos alivian los déficits sensoriales en prematuros

Publicada el: 16 de julio de 2015

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Alrededor de 29.000 niños nacen prematuramente cada año en España, lo que supone un aumento del 36 por ciento desde 1996. Afortunadamente, gracias a la evolución médica y tecnológica, han mejorado considerablemente las cifras de supervivencia en prematuros de menos de 32 semanas de gestación, y ha ido disminuyendo la aparición de grandes secuelas de la prematuridad, como la parálisis cerebral o las relacionadas con déficits sensoriales graves.

Los factores médicos tienen especial relevancia el primer año, pero a partir de entonces adquieren una mayor importancia los relacionados con la familia y el entorno social. El nacimiento de un hijo muy prematuro supone un desgaste psicológico familiar que debe ser tratado a tiempo, pues existe una dimensión familiar que influye de manera determinante en el neurodesarrollo del niño. Es crucial el apoyo psicológico de profesionales o de padres veteranos.

La atención temprana 
Algunos de los avances más notables que se han producido en los últimos 20 años son la labor de humanización de las unidades de neonatología y los servicios de atención temprana que permiten prevenir, detectar e intervenir para reducir los efectos de una deficiencia, optimizar el desarrollo del niño y atender las necesidades de la familia.

Pilar Gútiez, presidenta de la Comisión de Infancia y Discapacidad de la Comunidad de Madrid, ha indicado que para el tratamiento de un niño prematuro es vital la coordinación entre los sistemas educativo y sanitario, y los servicios sociales. Además, asegura que "sin atención temprana estos niños no avanzan".

La mayoría de prematuros reciben tratamiento y atención temprana antes de su incorporación al sistema educativo. Los primeros seis años son sumamente importantes en el devenir del niño; sin embargo, no siempre es posible predecir la evolución. Algunos pacientes con buena calidad neuroevolutiva durante la primera etapa presentan secuelas leves tardías en la edad escolar. Habitualmente poseen dificultades de aprendizaje, déficits de atención y problemas con la lectoescritura y el cálculo. En la adolescencia presentan un menor comportamiento conflictivo en comparación con otros niños, pero también mayores problemas de socialización.

Otra alteración usual es el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, que forma parte de los llamados trastornos del espectro autista. Belén Saenz-Rico, directora del departamento de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad Complutense, asume que esta es una de las razones por las que se asocia el autismo como principal enfermedad de la gran prematuridad.

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