La actividad del sistema inmune de la mujer podría ser diferente al del hombre
Publicada el: 30 de julio de 2015
Volver al inicioUna nueva tecnología para estudiar la conmutación genética del cuerpo humano revela que los genes asociados con el sistema inmune conmutan con más frecuencia, y esos mismos genes funcionan de manera diferente en las mujeres y los hombres. La nueva técnica, llamada ATAC-seq fue desarrollada por la Universidad de Stanford, artífice de este estudio, y permitió a los investigadores ver que están haciendo las células vivas en tiempo real. Se publicó en la revista Cell Systems.
Esta nueva técnica, ATAC-seq, fue desarrollada por el equipo de Howard Chang, profesor de dermatología y autor principal del estudio, y hace posible el estudio de moléculas que regulan todos los cambios génicos en personas vivas.
Hombres y mujeres
Uno de los descubrimientos de este estudio es que los genes que se encienden y se apagan difieren de una persona a otra y están asociados, probablemente, con enfermedades autoinmunes. Otro hallazgo es que existen diferencias entre hombres y mujeres respecto a los genes activos o no, y aunque todavía es demasiado pronto para estar seguro, estas diferencias de actividad podrían explicar la muy alta incidencia de enfermedades autoinmunes como la esclerodermia, el lupus y la artritis reumatoide, en mujeres.
"Parte de porqué esto es posible es una nueva tecnología que fue inventada en Standford para medir la accesibilidad de los elementos reguladores del genoma", explicó Chang.
Para el nuevo estudio se cogieron muestras normales de sangre de 12 voluntarios sanos para medir como ciertos genes se encendían o se apagaban, y como la medida variaba de un individuo a otro, además también se observó cuantos cambios ocurrían en diferentes momentos para los mismos voluntarios. Los investigadores se centraron exclusivamente en las células especializadas llamadas células T, las cuales son fáciles de aislar en una prueba de sangre habitual y son un importante componente del sistema inmune.
En personas sanas
Uno de los objetivos del estudio era establecer una medida base de como esta actividad de conmutación de genes varía entre las personas sanas. De esa manera, cuando otros investigadores hagan medidas similares en gente enferma, tendrán una idea de lo que es normal. El otro era refinar la nueva técnica para medir la actividad de los genes en muestras de sangre normales.
"Estábamos interesados en explorar el paisaje de la regulación génica directamente de personas vivas y ver las diferencias", dijo Chang. "Nos preguntamos, ¿cómo de diferentes o similares son las personas? Que es diferente de preguntarse si tienen los mismos genes". Incluso en gemelos idénticos, afirmó, un gemelo podría tener una enfermedad autoinmune y el otro podría estar perfectamente bien. Y, de hecho, el equipo reportó que una tercera variación en la actividad génica no estaba conectada a la diferencia genética, y sugirieron que el medio ambiente tenía importante papel. "Diría que la mayoría de las diferencias son probablemente de una fuente no genética".
20 para la diferencia
Con los 12 voluntarios sanos, el siete por ciento de los genes estaban encendidos en diferentes patrones de persona a persona. Para cada persona, estos patrones persitieron a través del tiempo, como una única huella digital. "Pero el principal predictor para la tendencia de los genes a encenderse o apagarse era el sexo de las personas. En términos de importancia", reveló Chang. "El sexo era de lejos más importante que otros que observamos". Cuando el equipo midió los niveles de actividad génica de 30 de los 500 genes, los investigadores esperaban que mostraran actividad influenciada por el género, y encontraron que 20 de los 30 genes mostraron actividad diferente significativa entre hombres y mujeres.