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La obesidad puede poner en bancarrota el sistema sanitario

Publicada el: 10 de octubre de 2010

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Felipe Casanueva Freijo (Madrid, 1948), catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidade de Santiago y jefe de la unidad de Endocrinología y Nutrición del CHUS, es premio nacional Rey Jaime I de Medicina Clínica; premio Xunta de Galicia de Investigación; XIII premio Nóvoa Santos de Medicina (año 2008); y Premio Internacional de Neuroendocrinología Geoffrey Harris, entre otros. Doctor honoris causa por la Universidad de Investigación Biomédica de Lodz (Polonia), el doctor Casanueva forma parte del CIBERobn, en la rama de investigación biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición, que integra a veintiséis grupos de trabajo nacionales. Es chairman del comité ejecutivo de la Sociedad Internacional de Endrocrinología. En su proyección investigadora, además de Medicina, Felipe Casanueva estudió Ciencias Biológicas, y en las tesis doctorales en ambas disciplinas académicas obtuvo la máxima calificación (cum laude).

¿La proporción de personas obesas sigue aumentado?

Nos aproximamos al 20% de obesidad en la población adulta. Y el porcentaje de población con sobrepeso es mucho mayor.

El último informe de la OCDE señala que el 63 por ciento de los españoles tiene problema de peso. ¿Ese dato es fiable?

Las cifras del estudio de la OCDE se aproximan a la realidad. Sobre todo las cifras aterradoras del crecimiento de la obesidad en los niños. Llama la atención que los países mediterráneos tengan cifras de obesidad infantil más altas que los países nórdicos.

¿Cómo se explica eso?

Los países nórdicos tienen unas sociedades más estructuradas, y un control de la alimentación en los colegios mucho más estricto. Tengo la impresión de que son unas sociedades en las que los padres todavía tienen criterio. En España nos encontramos con una generación de padres que son incapaces de decirle al niño lo que debe hacer y lo que no debe hacer.

¿Es un problema de cultural?

No lo sé. Nuestros padres, equivocados o no, sabían lo que había que comer y lo que no, y lo imponían. Ahora los padres dudan de si cuando un hijo pide un plato de patatas fritas como única cena, se debe hacer que tome unas acelgas. Al no tener criterio, los hijos hacen lo que quieren. No hay una cultura de la alimentación y de educar en ese sentido. Otra cuestión muy importante es la educación física. En España, los niños no hacen nada de ejercicio. Es una constante histórica. El único sabio en medicina que hemos tenido, Santiago Ramón y Cajal, no le daba mucha importancia al ejercicio físico. En los países nórdicos se considera tan importante las horas de deporte como las horas de matemáticas.

¿Influye mucho la televisión, Internet, los videojuegos, etc?

Influye mucho en una sociedad como la nuestra, porque no hay una cultura del deporte. En los países nórdicos el ejercicio físico es considerado fundamental para la formación del carácter. Aquí va uno al instituto y lo que le preocupa al director es que sus alumnos obtengan las mejores notas en la olimpiada de matemáticas; no le preocupa que dos tercios de una clase no hagan nada de ejercicio, y todo se centre en formar el equipo de baloncesto. Una cuestión que me gusta comentar es el concepto del deporte que tienen los padres y los colegios. Dicen: este instituto es muy bueno, porque gana siempre los campeonatos de baloncesto. Cuando lo que han hecho es seleccionar a los mejores, y esos juegan mucho, pero el niño que está un poco entrado en kilos o el más torpe no juegan nunca. No hay lugar para ellos. Lo bueno sería que en lugar de decir este instituto es muy bueno porque tiene un equipo que gana campeonatos, se dijera este instituto es muy bueno porque todos los alumnos hacen cuatro o cinco horas semanales de deportes. No nos debe interesar el deporte para ganar campeonatos, lo que debe interesar es que la población estudiantil aprenda a jugar.

¿Hacer deporte es una forma de hacer medicina preventiva?

Hacer medicina preventiva implica educar a toda la sociedad y un cambio de criterios.

Al parecer, la obesidad se está cebando en las clases sociales más bajas. ¿La educación física en los colegios ayudaría, al menos, a corregir esa desigualdad?

Sí. Casi todas las estadísticas indican que, cuanto más humilde es un sector de la sociedad, más le afecta la obesidad. Hay un problema de educación y un problema de capacidad monetaria para invertir en contrarrestar la situación. La obesidad afecta a todos los grupos sociales, pero, sin duda, el colegio es un lugar fundamental para hacer una labor preventiva y eliminar diferencias entre grupos sociales.

¿La obesidad es mayor en los hombres o en las mujeres?

Acabamos de publicar en Clinical Endocrinology un estudio que se hizo con 20.000 personas. Pensábamos que la obesidad estaba un poco más en las mujeres, sin embargo, en lo que es el efecto negativo de la obesidad, aumentando la morbilidad y la mortalidad por cambio bascular, es mucho mayor en los varones. O sea, a obesidades similares el varón tiene mucho más riesgo de tener un problema cardíaco.

¿La dieta mediterránea ha desaparecido?

Está muy cambiada por la sociedad moderna. De cualquier forma, en España sigue habiendo una cultura positiva de la dieta mediterránea, como es el consumo de verduras y de frutas. España tiene un consumo de frutas de los más altos del mundo. También es elevado el consumo de pescado. Pero la dieta mediterránea hay que hacerla con moderación. Uno puede volverse obeso tomando solamente aceite de oliva. Una cosa es usar y otra, abusar de la dieta mediterránea.

¿Qué tendencias alimentarias prevé para los próximos años?

La alimentación estándar que tenemos ahora, con mayor uso de precocinados y comida rápida, seguirá extendiéndose. Se perderá la capacidad de cocinar; sería bueno que, por lo menos, lo de cocinar en casa se mantuviera los fines de semana. Nunca volveremos a la cocina de nuestras abuelas. Sería fundamental hacer una buena labor de concienciación del tipo de alimento. De la capacidad calórica que tiene; de la necesidad de comer variado; de que haya raciones de vegetales y frutas en las comidas. Hay que concienciar a la población, y se están empezando a dar los primeros pasos. Cuando la población se da cuenta del problema, automáticamente ocurre un fenómeno muy positivo, los políticos se dan cuenta del problema.

¿Entonces?

Cuando los políticos se dan cuenta de que la sociedad está convencida de un problema, empiezan a legislar en ese sentido. La medida del Ministerio de Sanidad de suprimir las máquinas expendedoras de bollería y bebidas gaseosas es muy positiva. En el estado de California hace tiempo que se ha implantado. El alcalde de Nueva York ha prohibido las grasas trans en todos los restaurantes de la ciudad y ha obligado a los restaurantes a poner en el menú las calorías de cada plato. Fue una batalla larguísima, porque los propietarios de los restaurante pensaban que se estaba violando su derecho a escribir la carta como querían. Hubo litigios a altísimo nivel, y los perdieron.

¿La crisis económica se nota en la calidad de la alimentación?

Cualquier situación de crisis económica empeora la alimentación. En Estados Unidos es más caro comerse una manzana que una hamburguesa, y cuando una familia tiene problemas económicos, la alimentación sana le resulta más cara que la alimentación insana.

¿Los gallegos nos alimentamos bien?

Tenemos platos muy buenos, la calidad de los alimentos es excelente, pero comemos demasiado. No hay nada más que ver que las fiestas gastronómicas.

¿Una sociedad obesa es una sociedad enferma?

Sí. Es el problema que nos preocupa. Tenemos una prevalencia de la diabetes mellitus del diez por ciento de la población adulta. Gran parte de esta población no está diagnosticada. Es brutal, porque estamos hablando de un horizonte de millones de pacientes con diabetes mellitus; millones de pacientes con enfermedades cardiovasculares; millones de pacientes con cáncer. La obesidad causa cáncer por sí misma.

¿Qué tipos de cáncer?

Por ejemplo, cáncer de colon, cáncer de mama, cáncer de endometrio. Está demostrado. Si no atajamos el problema y sigue creciendo al ritmo de ahora, la obesidad puede poner en bancarrota el sistema sanitario español, que es de cobertura universal.

¿La obesidad está relacionada con el metabolismo?

No. Era una leyenda urbana: yo engordo porque mi metabolismo está mal. Los obesos tienen un consumo metabólico mayor que los delgados, porque transportan más masa. La obesidad es un disbalance entre lo que se come y lo que se gasta, y la variable más importante es el mecanismo físico.

¿El estimulador gástrico ha funcionado?

Hay intentos de intervenir directamente sobre el estómago para cambiar la velocidad con la que evacúa los alimentos. Un estómago que vacía más rápido, favorece el aumento de la obesidad. Incluso ha habido marcapasos gástricos, Nosotros trajimos a Santiago hace años a un profesional italiano que trabajaba en estimuladores gástricos, pero no tuvo un funcionamiento tan relevante como para incorporarlos.

¿Hay una genética de la obesidad?

Hay personas con más facilidad para engordar que otras, y unas bases genéticas de la obesidad. Pero en la postguerra los genes españoles y gallegos eran los mismos, y nadie estaba obeso.

¿La obesidad crea alteraciones hormonales?

Sí, incluso en la esfera reproductiva. Lo importante es que crea riesgos muy altos para la salud, sin contar con los riesgos de tipo psicológico, sobre todo en los niños y en los adolescentes.

¿Su equipo está investigando la homeoestasis corporal?

Trabajamos en muchos aspectos relacionados con la obesidad, desde el estudio de las señales que regulan el apetito hasta las hormonas circulantes que contribuyen al aumento de la obesidad. Estamos abriendo una línea de trabajo con factores psicológicos. Está demostrado que si se reúnen a comer tres matrimonios, si uno de las personas come más hace que las otras cinco coman más. Si hay uno que come poco, todos tienden a comer menos. Los factores psicológicos son muy importantes en el control de la obesidad y del apetito.

¿Siguen trabajando en la regulacion de la secreción de la hormona del crecimiento?

Llevamos en ello desde 1975, y conseguimos un puesto importante a nivel internacional, aunque los temas de investigación cada vez los vamos trasladando más a la obesidad y el metabolismo, porque afectan a una mayor proporción de la población.

Entre los trabajos a los que está dedicado su equipo de investigación ¿cuál o cuáles resaltaría ?

Recientemente hemos publicado, en una de las mejores revistas de endocrinología clínica, un trabajo demostrando por qué algunas personas, después de hacer dieta, reengordan y otras no. Hay una base hormonal, y ya antes de hacer la dieta hay unas diferencias hormonales entre una población y otra. Si seguimos profundización, podremos llegar a explicar por qué razón las dietas dan tan mal resultado. En el estudio al que me refería antes, sobre 20.000 personas, hemos encontrado que las personas con obesidad abdominal o central tienen mayor riesgo cardiovascular y de desarrollar la diabetes mellitus. Toda la grasa es mala, pero la grasa que está dentro de abdomen es especialmente peligrosa en cuanto a generar mortalidad y morbilidad. Se da más en los varones que en las mujeres.

¿El Campus da Saude de Santiago debe apoyarse más y dedicarse en serio a producir patentes?

La idea es muy buena si la desarrollamos bien. En muchas ciudades que he visitado hay campus universitarios dedicados exclusivamente a biomedicina, con las empresas instaladas al lado. Ahora tenemos el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago, uno de los siete reconocidos por el Carlos III en todo España. El Instituto abarca por primera vez a los investigadores de la universidad y a los del sistema sanitario. Si siguiéramos la estela de otras comunidades, ya no digo Cataluña, que va muy adelantada, pero sí la de Valencia, que ha hecho un esfuerzo extraordinario para el desarrollo de la biomedicina, podría ser tan importante como tener un astillero o una maderera, porque ya no es la capacidad de generar salud y ciencia, que es lo más importante, sino que la capacidad de generar riqueza es muy alta.

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