Galicia reforma con diez años de atraso la atención precoz a la discapacidad y trastornos de la infancia
Publicada el: 9 de noviembre de 2010
Volver al inicioLa puesta en marcha de una red de atención temprana propia cogió a Galicia a contrapié en el año 2000.
Diez años después de que otras autonomías desplegaran sus dispositivos de atención precoz a los niños nacidos con diversidad funcional (discapacidad) o con problemas transitorios en su desarrollo, la Dirección Xeral de Autonomía Persoal e Dependencia ultima un plan marco para reconducir y organizar los servicios que, de modo más o menos regular, han venido funcionando en la comunidad bajo una óptica eminentemente médico-rehabilitadora.
De la mano de la Asociación Galega de Atención Temperá (AGAT), la Dirección Xeral de Dependencia puso en marcha en 2009 dos unidades que han ensayado y documentado en las comarcas de O Deza y O Salnés el modelo propuesto en 2000 por el Libro Blanco de la Atención Temprana, base de los distintos modelos territoriales del Estado. Desde junio de 2009 son ya 215 familias las beneficiarias de estos centros piloto.
El primer paso será la redacción de un nuevo decreto, que en 2011-2012 pueda desbancar el texto actual, que en 1998 definió un modelo adscrito al Sergas, con 8 unidades dependientes de los servicios de rehabilitación hospitalarios, insuficientes para una población de 2,7 millones.
Visión errada de la diversidad funcional. El resultado, explica Jaime Ponte Mittelbrunn, presidente de AGAT, ha sido un modelo de intervención centrado en el diagnóstico, que obvia el papel de la familia, e impide el trabajo en el contexto natural del menor. Al mismo tiempo, la definición de la atención temprana como parte del sistema sanitario contribuye a consolidar una visión errónea, que entiende la diversidad funcional como enfermedad, y empuja a las familias a la búsqueda de 'tratamientos'.
En el camino, el modelo médico-rehabilitador se ha llevado por delante dos de las máximas de la atención temprana: incluir a la familia como actor determinante en el proceso y utilizar los entornos naturales del menor (casa, escuela...) como único escenario de trabajo posible, sin forzar desplazamientos. "De poco vale que nosotros trabajemos media hora en la unidad si después en casa no hay tiempo para que los padres disfruten de sus hijos o jueguen con ellos. No lo estaremos haciendo bien si, en vez de facilitar su vida, le estamos induciendo más estrés", señala Ponte.
A la sombra del sistema sanitario, la red se ha ido completando con unidades municipales o comarcales y recursos de las entidades vinculadas a la discapacidad para sus socios. El resultado es una red irregular e inconexa, un laberinto que conduce a las familias a un ritmo imposible de consultas en distintos puntos de la comunidad.
La situación periférica de O Salnés y O Deza respecto a los recursos existentes fue precisamente, junto con la colaboración de los gobiernos municipales, una de las razones para la elección de Lalín y Vilagarcía como sede de las dos primeras unidades de desarrollo infantil y apoyo familiar (Udiaf) financiadas por Benestar y gestionadas por la AGAT. En ambas comarcas, apunta Jaime Ponte, muchas familias vivían a caballo entre los servicios de Santiago, Ourense o Pontevedra, con desplazamientos tres días a la semana que comprometían la conciliación familiar y en muchos casos obligaban a uno de los padres a dejar su puesto de trabajo.
Maia García y Genma Martínez, psicólogas, coordinan las Udiaf de Lalín y Vilagarcía, compuestas por psicomotricista, logopeda y personal administrativo. Son una parte más, dicen, en el círculo del menor, coordinando su trabajo con el colegio, el centro de salud, la escuela infantil o cualquier otro dispositivo implicado. En poco más de un año, indican, se han convertido también en un apoyo clave para los centros con alumnos con necesidades educativas especiales. El Plan de Atención Integral á Discapacidade que Benestar prevé aprobar en noviembre consolidará el modelo.