El cáncer afecta a 1,5 millones de españoles. El número de casos sigue aumentando, pero su presión creciente sobre las consultas no debe ser leída exclusivamente en términos negativos, sino atendiendo también a la longevidad de las poblaciones y la mayor supervivencia de los pacientes oncológicos. Lo dice Manuel Constenla, responsable del servicio de Oncología Médica del Complexo Hospitalario de Pontevedra (CHOP) y patrono de la Fundación para la Excelencia y Calidad de la Oncología (ECO), en la que se agrupan 23 jefes de servicio de otros tantos hospitales españoles.
Implicados en la calidad de la asistencia, los profesionales reunidos en ECO advierten sin embargo del impacto de la masificación de sus consultas en la comunicación médico-paciente. La escasa duración de las visitas, analizan, dificulta el adecuado cuidado de la información que se da al enfermo y esta merma de la comunicación se traduce en una pérdida de confianza que provoca más inseguridad e inquietud al enfermo. A esto, apunta Manuel Constenla, se suma la propia organización del trabajo (guardias, asistencias en planta y sustituciones que fuerzan el cambio de médico al paciente) y "el compromiso con el paciente falla".
En este escenario, la fundación considera necesaria la extensión de una nueva figura profesionall: un oncólogo de cabecera, que coordine el seguimiento de cada paciente y que pueda ser reconocido por éste como su médico de referencia. Un rostro con nombres y apellidos al que poder acudir.
En paralelo, apunta Constenla, la oncología se enfrenta el reto de canalizar la supervivencia. La Atención Primaria, dice, está debidamente preparada para hacer el seguimiento posterior, pero "es difícil que nuestros pacientes acepten después de lo pasado volver a los circuitos de Primaria". "Es un tema que se plantea en todas las especialidades que tienen largos supervivientes y que acumulan cada año un importante número de pacientes que van a tener revisiones continuas que masifican las consultas", señala.