Se trata de una pregunta tan dura como relevante y que tiene dos posibles respuestas. «¿Como le gustaría morir?» A: en el hospital, rodeado de pacientes, médicos y enfermeras. B: en casa, en su cama, con sus cosas y rodeado de sus familiares. ¿Qué decidiría usted?
Lamentablemente, muchos pacientes no llegan siquiera a escuchar la pregunta porque en el estado de su enfermedad, su familia es la que maneja la información y la que toma las decisiones: «Las cosas están cambiando en estos últimos años -señala el doctor Luciano Vidán, jefe del servicio de la unidad de hospitalización a domicilio del Complejo Hospitalario A Coruña-, pero un alto porcentaje de los pacientes siguen ignorando el verdadero pronóstico de su enfermedad». De manera que la pregunta no siempre la responde el interesado, que se enfrenta a sus últimas horas con más intuición que información.
Con todo, en los últimos años ha ido creciendo el número de pacientes con un pronóstico terminal que pasan sus últimas semanas en sus domicilios, alejados del entorno hospitalario y atendidos por sus familias bajo la supervisión de los médicos de hospitalización a domicilio. Durante el 2010, unas 4.500 personas optaron por este servicio en Galicia, de las que aproximadamente un tercio fallecieron. Mantener el servicio supuso más de 26.000 visitas médicas.
Una frase perversa
La mayor parte de los usuarios que optan por la hospitalización domiciliaria reciben el alta a lo largo del proceso. Pero entre la casuística que ven los médicos del servicio destaca el trabajo que efectúan con pacientes fuera de tratamiento y, especialmente con sus familias. Acostumbrados a manejar situaciones de excepcional dureza, los facultativos lamentan el escaso uso del testamento vital que efectúan los pacientes y el papel que juegan sus descendientes, muchas veces impulsados por un cariño mal entendido que provoca lo que en la profesión se conoce como el encarnizamiento terapéutico. «Mientras hay vida hay esperanza es una frase que puede resultar muy perversa», apunta el doctor Vidán.