A la diabetes la llaman la enfermedad silente porque no duele pero hace daño, ya que es una patología que conlleva complicaciones asociadas graves como lesiones en los ojos, nefropatía, neuropatía, vasculopatía periférica o pie diabético. En Galicia, unos 190.000 gallegos padecen esta dolencia crónica, aunque más de un 30% (60.000) lo desconoce. Ahora, a los tratamientos que existen se ha sumado una nueva herramienta para, al menos, controlar la enfermedad y conocer el riesgo de sufrir los citados efectos colaterales.
Investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (Ciberobn), que dirige desde Santiago el doctor Felipe Casanueva, jefe de Endocrinología del CHUS, han realizado un estudio que demuestra que la conocida como brecha de glicación podría ser utilizada como termómetro para controlar la diabetes y conocer las probabilidades de sufrir las enfermedades asociadas.
La glicación es la unión espontánea de la glucosa a diferentes proteínas fisiológicas. Por su parte, la llamada brecha de glicación se refiere al diferente grado de glicación en enfermos de diabetes con similares niveles de glucemia.
"Hay personas con glucosa alta que pasan los años y prácticamente no tienen complicaciones, y al revés, otras que controlan mucho su diabetes y están fatal", explica el investigador del Ciberobn y autor principal del estudio, el doctor Santiago Rodríguez Segade.
El estudio, que se publica en el último número de Clinical Chemistry, apunta que los diabéticos tipo 2 que son glicadores altos tienen más probabilidades de sufrir enfermedades vasculares, nefropatía, retinopatía o neuropatía.
Por tanto, los citados datos "avalan" la hipótesis de la llamada brecha de glicación, que actúa como una especie de termómetro según el cual para el mismo nivel de glucemia media existen pacientes que son bajos, moderados y altos glicadores, que pueden, en consecuencia, desarrollar distintos grados de complicaciones microvasculares.
Para llevar a cabo la investigación, el equipo ha analizado los datos de una cohorte realizada durante 14 años sobre 2.314 pacientes con diabetes tipo 2. En el seguimiento se valoró a los pacientes que progresaban a nefropatía diabética según los sujetos presentasen un nivel de glicación bajo, moderado o alto.
Los resultados del trabajo demostraron que los glicadores altos desarrollan hata 2,5 veces más patologías vasculares que los bajos, a pesar de que tengan el mismo nivel medio de glucemia. Este procedimiento podría facilitar el trabajo clínico a la hora de decidir el tratamiento individual que debe administrarse a cada paciente "y convertirse en una herramienta clave para el facultativo", según el doctor Rodríguez Segade.